Ruta de Washington Irving
Este camino tiene como objetivo reavivar el sector turístico en el interior, porque, al igual que lo hace su homólogo, el Camino de Santiago en Galicia. Se busca dinamizar las economías locales a través del paso de caminantes. Por esta razón, se han elegido pueblos como Antequera, Archidona, Loja, Moraleda de Zafayona y Chauchina, donde pasaremos la tarde y descansaremos por la noche.
La primera etapa, Antequera – Archidona, es tranquila; de hecho, transcurre en su totalidad por caminos rurales. Además, conecta con la ruta de Washington Irving (la vía de servicio de la A-92), la cual, en algunos tramos, nos servirá para enlazar con otros caminos. El pueblo destino nos ofrece una amplia gama de posibilidades culturales, gastronómicas e históricas. Cabe destacar que allí estudió el padre de la patria andaluza, Blas Infante. Al finalizar el día, pasaremos la noche en el Hotel Escua.
La segunda etapa, Archidona – Loja, integra aún más el senderismo, ya que parte de una zona boscosa y conecta con los campos de cultivo hasta llegar a las salinas, fuente de vida desde el albor de los tiempos. Este recorrido nos recuerda el pasado sumergido de nuestra provincia, Málaga. A medida que avanzamos, atravesamos el mar de olivos y llegamos al nacimiento de Río Frío y sus antiguos molinos, testigos del auge de esta zona tiempo atrás. Sus aguas cristalinas dieron sustento a la famosa trucha y, actualmente, al esturión del que se extrae el caviar calidad beluga. Esta será nuestra última parada antes de arribar a Loja, donde dormiremos en el Hostal de las Terrazas.
La tercera etapa, Loja – Moraleda de Zafayona, nos depara una ruta muy entretenida. En primer lugar, comenzamos con los Infiernos de la Ciudad del Agua. Esta localidad, también conocida como “la llave de Granada”, nos despide mientras nos adentramos en el olivar de la Vega de Granada. Posteriormente, llegamos a los famosos campos de espárragos de Huétor Tájar. A partir de este momento, el río Genil se convertirá en nuestro acompañante. Entre olivos y lagunas, llegamos a nuestro destino, donde pasaremos la noche en el Hotel Poniente. En esta localidad, fuentes y vistas a la Vega nos esperan.
La cuarta etapa, Moraleda de Zafayona – Chauchina, transcurre principalmente entre olivares hasta llegar a nuestro anfitrión natural: el río Genil. A medida que avanzamos, las choperas se vuelven más frecuentes, al igual que los secaderos de madera. En este tramo, el pasado de la zona se hace presente cuando nos encontramos con la Torre de Romilla. Detrás de su historia, se encuentra nuestro último descanso antes de llegar al destino. Cabe mencionar que la Vega está muy presente en esta etapa, rebosante de vida salvaje junto al río, lo cual la convierte en un lugar perfecto para detenerse a observar. Pasaremos la noche en el Cruce de Chauchina.
La quinta etapa, Chauchina – La Alhambra, es nuestra última jornada. Afortunadamente, se trata de un tramo prácticamente sin desnivel hasta llegar a la ciudad. Caminamos junto al “Nilo andaluz”, bajo la atenta mirada del colosal Veleta, que en esta época del año tuvimos la suerte de ver nevado. La Sierra Nevada y los picos más altos de la península ibérica nos regalan una estampa que literalmente deja sin aliento. De vez en cuando, asoma tímidamente el gran Mulhacén.
A medida que nos acercamos, la vida urbana se hace notable y el tránsito de vehículos más constante. Nos adentramos en la jungla de asfalto granadina para alcanzar el barrio judío, el Realejo, desde donde iniciaremos el ascenso hacia la Alhambra. En nuestro camino, pasamos por la estatua de Washington Irving, a quien agradecemos su sabiduría; después de todo, fue su legado el que nos ha permitido llegar hasta este hermoso lugar. Como hijo de la Alhambra, le pedimos el permiso simbólico para entrar a su casa.
El Palacio de Carlos V será el escenario donde los senderistas y peregrinos recibirán su credencial por haber culminado el camino. A cada uno que complete estas etapas, se le entregará una estrella andalusí como símbolo de su travesía.
En resumen, siempre me gusta recordar a los caminantes que el verdadero premio no es llegar a la Alhambra —que ya de por sí es un logro considerable— sino más bien haber recorrido ese camino. Caminar por senderos, caminos rurales y pueblos que nos hacen retroceder 20 años en el tiempo, entre olivares y paisajes únicos, es en sí mismo una experiencia mágica por el interior de nuestra comunidad.
